El “workahólico”.- Empecemos con este sujeto. ¿Han escuchado hablar de la adicción al trabajo? Pues bien, al chico al que cariñosamente denomino el “workahólico” es el fiel retrato de esa anomalía. En general este chico tiene un buen trabajo bien remunerado. La garantía de este tipo de hombres es que tienen “perspectiva”, así que si estás interesada y logras que te haga caso cinco minutos antes de que entre a otra junta, te puedo casi asegurar que estarás al lado de alguien exitoso. A veces estos chicos también te garantizan salir a buenos lugares y uno que otro lujito, producto de su esfuerzo. Con esta descripción hasta yo me estoy cuestionando ¿y entonces cuál es el problema? El problema es que el “workahólico” nunca tiene tiempo más que para el trabajo, que en ocasiones parece ser su única prioridad. Entiendo perfectamente pues a todos nos pasa. Tenemos juntas, responsabilidades, “bomberazos”, jefes y en general “muchísima chamba”… y es que somos taaaaaaaan importantes que la oficina no sale adelante sin nuestra “sabia” dirección, atención y decisión. El caso es que terminamos (nótese como acepto que yo también he caído en esta clase de conducta, así que voy rumbo a la recuperación), viviendo para trabajar y no trabajando para vivir. Conozco infinidad de chicos maravillosos y encantadores que en verdad desean tener una pareja, pero cuyo trabajo les impide incluso iniciar una relación. Que digamos iniciar, ¡conocer y convivir con una chica!, pues tanta chamba suele dejarlos agotados física, mental y emocionalmente, sin ganas de complacer a alguien, tomar un café o soplarse una conversación… ¿ir al cine, al teatro o a un concierto? Chicas, ¡olvídenlo! Pues si de por sí a veces el cansancio no les permite siquiera mantenerse alertas, cuando ya por fin parece que hemos logrado agendar una cita, en el último momento aparece el jefe exigente, el cliente mal encarado o la junta urgente que arruina los planes. En este sentido me atrevo a sugerir a los "workahólicos" la búsqueda del equilibrio (¡pero que filosófica ando, que bárbara!) para no dedicarle toda la vida al trabajo o de plano, la aceptación de la soledad como modus vivendi.
El “padre de familia”.- Resulta evidente que la mayoría de nosotros tenemos lo que yo denomino “una historia de vida”. Para bien o para mal, muchos chicos –chicas también, no lo dudo- tienen un hijo o hija producto de una relación pasada. Si bien yo soy de las que va por el mundo promoviendo que “todos tenemos derecho a una segunda oportunidad para ser felices”, lo cierto es que salir con alguien que tiene un hijo puede ser igual a pisar terreno escabroso sobre todo si uno no está preparado para ello. En primer lugar, ¡atención chicas!, no se vale competir con un menor de edad y hay que estar plenamente concientes de que el niño (a) siempre será lo primero en la cabeza del papá (¡claro, si tuviéramos nosotras un hijo (a) sería nuestra prioridad número uno!). Ello implica o pasar menos tiempo con el susodicho, o pasar tiempo en lugares como “La Ciudad de los Niños”, “La Granja de las Américas”, “Papalote, Museo del Niño”, y lugares varios (¿ven como si le sé a esto?). Esto último es inevitable, pues si empezamos a salir con un “padre de familia”, eventualmente tendremos que conocer a sus nenes (as). Además tenemos que considerar que, salvo que el sujeto en cuestión sea viudo, la mamá del menor siempre estará presente en nuestras vidas e incluso algún día quizá haya que convivir con ella si la relación se estabiliza y digamos, “da para más”. Definitivamente es algo difícil, pero ¡no se desanimen!, conozco mujeres felices en esta situación... yo por mi parte puedo decir que lo intenté y no me funcionó… quizá las mujeres que “pensamos demasiado” no estemos listas para ello, pero las chicas más relajadas probablemente sí.
El “codependiente emocional”.- Esto es muy chistoso. Empiezas a salir con alguien y más temprano que tarde sale el tema de los “ex”. Todos hablamos de ellos. De cierta forma es inevitable porque hay que reconocer que determinadas conductas o forma de ser en una relación, está determinada en gran parte por nuestras experiencias pasadas. Reconozco que yo también he hablado de mis “ex” y que cuando me preguntan “¿y porqué terminaron?”, intento dar una respuesta amena y divertida, aunque atrás haya una historia de terror. Sin embargo ¡oh, sorpresa!. Me he topado con chicos para quienes hablar de este tema significa empezar a describir una serie de traumas y círculos inconclusos, que generalmente van acompañados de un “pero ya no hay nada entre ella y yo ¿eh?” Si en verdad no hubiera sentimientos de por medio no intentarías convencerme de ello, intentando al mismo tiempo convencerte a ti mismo, o ¿estoy equivocada? El caso es que uno termina dando terapia psicológica al susodicho que sigue “atorado” en el pasado, y lo que pintaba para ser una buena cita, termina siendo una larga sesión terapéutica. Recuerdo específicamente que una ocasión salí con alguien que me atraía mucho y en nuestra segunda cita empezó con su letanía de cosas: que si había visto a la “ex”, que si le había movido el tapete, que estaba pensando en abrir el círculo… No había porque enojarse, total no éramos nada. Así que empecé a escuchar –muuuuuuy pacientemente por cierto-. Cuando el chico terminó me dieron ganas de decirle “Son $500 pesos por la consulta”. Se escucha chistoso pero en verdad hay chicos que desean tener pareja pero tienen una especie de “pendientes” (puede ser la ex esposa, la ex mujer, la ex novia). Mi sugerencia para las chicas es que si están interesadas en estrenarse como psicólogas, estos chicos son ideales para hacer un tipo de prácticas profesionales… Para los varones pues ¿qué tal que primero arreglan sus cosas antes de intentar salir con alguien?
El “egoísta”.- Está el clásico niño que va al club diariamente, está inscrito en más de una liga de fútbol, va a tomar café con sus amigos tres veces a la semana, los viernes va invariablemente al bar con sus compañeros del trabajo y los fines de semana hace todo: trabaja un ratito, juega un partido, hace la limpieza de su hogar y va a comer con sus papás. Digamos que entonces, así como para tener una pareja y atenderla pues… definitivamente queda poco tiempo, sobre todo cuando al posible galán ni por error le pasa por la cabeza dejar de hacer todas sus actividades, en el orden y en el momento previamente establecidos. Yo no digo que dejemos de hacer cada quien nuestras cosas, digo, yo también voy al gimnasio, medito, tengo amigas y amigos, compromisos familiares, laborales, y cosas varias. Lo que pienso es que hay que estar dispuestos a negociar sin que cada quien deje de hacer sus cosas porque tampoco se trata de estar pegados como muéganos, ni de dejar de ser quien somos para complacer al otro. Aunque reconozcámoslo, en algún momento será necesario sacrificar alguna actividad o partirse en diez para que ambas personas estén contentas. Creo que en realidad a todos nos queda claro lo anterior, sin embargo no falta el sujeto que piensa y ¡peor aún! actúa bajo la premisa de “no pues no… yo voy a dejar de hacer a, b, c,…. x, y, z” o “que mi chica me acompañe a hacer a, b, c…. x, y, z actividad” (¿ya le preguntaron a ella si quiere hacerlo?) Hay de plano algunos que pecan de sinceros y de plano afirman “yo no tengo pareja porque soy muy egoísta” (¡bingo! ¿a poco apenas se percatan de ello?). En fin, de los males el menor, puesto que si se logra llegar a acuerdos que convengan a ambas partes, el sujeto “egoísta” puede (ojo: solamente puede ¿eh? no lo estoy afirmando), ser una buena pareja.
El “idealista”.- En general estos chicos son atentos, detallistas, agradables, inteligentes, buena onda… parecería que son el tipo de hombre ideal ¿verdad? Y sí, son ideales, ¡pero como amigos!, porque eso sí, siempre verás que tienen un montón de amigas (checa nada más su hi5), e incluso probablemente salgan con más de una chica como para ver que onda, lo cuál incrementa un poco más su confusión mental. Lo que sucede con ellos es que les cuesta mucho trabajo enamorarse porque están en la búsqueda de una relación ideal y casi casi perfecta. Para muestra basta un botón. El otro día estaba platicando con un amigo que a la pregunta de “¿Qué es lo que quieres en una relación?”, me respondió: “alguien de quien poderte enamorar y que se enamore de uno, con quien puedas compartir harto (textual, ya ven como hablan los hombres), a quien puedas admirar y al revés, que te haga sentir especial, con quien disfrutar cada momento…”. Suena maravilloso ¿cierto? Porque yo pienso que todos queremos una relación así, salvo que tengamos algún tipo de desorden emocional. Sin embargo, estos chicos con tan maravillosas ideas y sentimientos siguen solos y ¿saben porqué? Porque en el fondo quizá tengan miedo a equivocarse o incluso hasta a ser lastimados, es por ello que se esconden tras una gran coraza que dice “estoy en búsqueda de la relación ideal”. Yo pienso que todos tenemos algo de idealistas, pero estoy convencida de que hay que tomar riesgos, y chicos, no me van a decir que por ahí de la tercera o cuarta cita no saben que onda con la niña en cuestión. Evidentemente no podrán saber todo de ella, ni asegurar que si inician una relación, ésta será un éxito, pero si les late pueden animarse a ver que pasa. Como en todo, habrá altas y bajas y lo peor que puede pasar es que las cosas no funcionen, pero ¿como saberlo sin tomar el riesgo? Sí, claro, entiendo que el paso del tiempo nos hace pensar que no podemos tomar decisiones equivocadas y tampoco se trata de andar de picaflor, una tras otra tras otra, pero estoy convencida de que si a la cuarta o quinta cita no pasa nada, entonces como chico estate listo para agregar otro nombre a tu montón de amigas, y como mujer, asegúrate de tenerlo presente como uno de tus “mejores amigos”, que por cierto, ¡vaya que lo son!
El “incongruente”.- Antes de describir a este tipo de chico, partamos de lo que para efectos de este blog significará “ser congruente”. Congruencia significa que lo que uno dice, piensa, actúa y siente va en la misma dirección y no hay contradicciones entre sí. Pues bien, el chico incongruente como que no sabe a ciencia cierta que es lo que quiere. Un día te pregunta si quieres andar con él pero te trata como si nada más quisiera estar contigo una noche, otro día te propone hacer un negocio pero no tiene ni un peso para pagar la cuenta del restaurante, en alguna ocasión te da un súper beso y al día siguiente su lengua corre más rápido que su cerebro y habla mal de ti, se lamenta de que no tiene pareja pero quiere tener sexo desenfrenado con cuanta mujer ve… en fin, situaciones que te llevan al extremo de pensar que en lugar de estar saliendo con una persona, estás saliendo con dos o tres por aquello de la múltiple personalidad, o en el peor de los casos, con alguien que padece trastorno de bipolaridad. Quizá tras esas conductas se esconda un miedo terrible al compromiso, una inseguridad impresionante para sostener una relación estable o de plano, ¡alguna enfermedad psiquiátrica! El caso es que, en mi opinión, salir con uno de estos chicos puede ser divertido si te gustan las emociones fuertes, que incluyan incertidumbre y descontrol constantes, aunque al final del camino probablemente sea una relación profundamente desgastante. Así que ¿porqué mejor no esperar a que nuestros pretendientes “incongruentes” arreglen “sus cosas” y decidan que es lo que verdaderamente quieren, antes de que nos vuelvan locas tratando de adivinar con cual de los “tres en uno” estamos conviviendo?
El “ecléctico”.- ¡No podía faltar! Como en toda teoría siempre existe el “ecléctico” que no encuadra perfectamente en algún tipo sino que agarra lo mejor o lo peor de todos y lo mezcla en una licuadora para obtener un producto final bastante sui generis. No necesariamente este sujeto debe tener alguna de las características de todos los tipos anteriores, basta con que tome una de un modelo, dos de otro y otra más de un tercero. Así, encontramos a los “padres de familia” que además son “codependientes emocionales”, es decir el clásico cuate que jura y perjura que quiere tener una relación estable pero todavía no ha cerrado su círculo con su ex y tiene hijos (as) que necesariamente lo obligan a estar contacto con la susodicha. ¿Qué tal la combinación “workahólico” con “egoísta”? Ahí sí que estamos fritas, porque definitivamente por más que uno quiera y se esfuerce, no cabe duda de que definitivamente no hay espacio ni tiempo para tener una pareja o iniciar siquiera una relación con alguien que tiene una agenda tan apretada. También podemos encontrar modelos combinados del tipo “incongruente” e “idealista”. Aquellos que esperan tener la relación casi perfecta, con una mujer maravillosa, llena de cualidades, pero que al mismo tiempo actúan como si tener o no pareja no tuviera importancia o trascendencia para sus vidas. Se me siguen ocurriendo modelos combinados: el “workaholico codependiente emocional incongruente”, que trabaja de más para no recordar a la ex que le sigue moviendo el tapete y que va por el mundo de conquista en conquista aunque en el fondo lo que desea es tener una relación estable con alguien… y bueno no faltará el “padre de familia egoísta idealista”, que tiene a su retoño como un “bonus” para la relación, sueña con la mujer perfecta que lo entienda, lo ame, lo respete y lo valore a él y al menor, pero que tampoco está dispuesto a ceder en nada… ¡vaya que podríamos seguir combinando! Y no dudo que existan aquellos que tienen de todo un poco. Si alguien conoce a alguno, ¡no duden en hacérmelo saber! Y si tiene pareja de verdad que envíenle mi felicitación porque ¡eso sí que es valor!
Hasta ahora solo he detectado estos tipos de “hombres después de los treinta”. Algunos se preguntarán “¿con que clase de personas sale Gina?”... y pues… ¡caray! También a veces yo me lo pregunto. Y la respuesta a la que siempre llego es que salgo con sujetos normales que me han presentado o que yo he conocido. Hombres atractivos, inteligentes, cariñosos y con excelente sentido del humor que estoy segura serían excelente pareja, pero que tienen, digamos, una “deficiencia”. Chicas, corríjanme si me equivoco y si tienen algo que aportar pues ¡adelante!
Para los chicos que lean esto debo decirles que no pretendo ser crítica, sino únicamente tratar de ver con sentido del humor algunas cosas que he notado, otras que me han contado y algunas más que me han dicho directamente adivinen quien… ¡pues ustedes mismos!.
Así que a fin de que tenga una correcta retroalimentación, invito a los lectores de este blog a que hagan su propia clasificación (con mucho sentido del humor por favor), y si ésta es de chicas, ¡pues me digan en cual entro!