En mi afán de querer hacer cosas novedosas y diferentes antes de los 35, hace un mes me dí de alta en una página de internet llamada "couchsurfing", cuyo propósito es poner en contacto a personas de todo el mundo que desean ofrecer y hacer uso de hospedaje o guías a extranjeros de manera gratuita.
Así fue como el día miércoles yo ya tenía instalado en el hogar a un chico francés, radicado en Montreal, de 22 añitos, cuyo nombre es Yannick.
Mucha gente dudaría de la confiabilidad de este asunto, e inclusive yo lo hice, sin embargo, debo decir que la experiencia de convivir con un extranjero es única y vale muchísimo la pena.
Independientemente de la larga charla que tuvimos el miércoles, la divertida cena francesa el jueves y la interminable fiesta del viernes, creo que lo que más valió la pena fué lo que logré aprender con Yannick, entre otras cosas las siguientes:
1) Viaja ligero: ¿De donde sacamos que hay que cargar secadoras y atuendos para cualquier clase de clima y/u ocasión? No cabe duda que una backpack, un sleeping, una cámara, una libreta y una guía deben ser suficientes para aventarse un viaje lleno de aventuras.
2) Atrévete a viajar diferente: Yo no sé que sucede en nuestra cultura, pero la mayoría de las personas que conozco, más bien todas y me incluyo, gustamos de ir a un gran hotel en el cual entre más lujos haya, es mejor. Lo cierto es que por eso no podemos viajar tanto, pues tenemos que ahorrar infinidad para pagar cuartos que utilizamos solo unas cuantas horas por las noches. Creo que deberíamos atrevernos a quedarnos en hostales y en hogares donde en general se tiene un agradable recibimiento. Definitivamente quedé convencida que para conocer cualquier país, nada como darse la oportundiad de "jugar" a ser originario del mismo (yo lo hice en Cuba y no lo cambiaría por nada!)
3) Basta de estresarse: Seamos sinceros, la verdad es que nos estamos volviendo locos. Mi caso no es diferente, pues entre la especialidad, el trabajo entre semana, el trabajo de fin de semana, el ejercicio matutino, el caos vial y la contaminación, invariablemente estoy a punto de perder la razón. El problema es que estoy tan estresada y presionada, que no me detengo a ver las cosas más sencillas de la vida: una flor, una estrella, un charco de agua... Como bien me dijo Yannick, estamos tan preocupados en producir y producir, que cuando logramos tener algo que deseabamos mucho, ni siquiera podemos disfrutarlo al máximo porque estamos ocupadísimos produciendo más y más como máquinitas insaciables. Con lo anterior no quiero decir que seamos mediocres y conformistas. Simplemente, en algún momento hay que hacer un alto para reflexionar y disfrutar desde adentro quienes somos y lo que nos rodea. Quizá dejar de pensar en dinero, riquezas y lujos, y disfrutar lo más sencillo que nos ofrece la vida.
4) Intentemos hacer algo por los demás: Estamos tan ensimismados en nosotros mismos y en lograr lo que queremos que pasamos por alto que estamos rodeados de más personas que pueden necesitar nuestro apoyo. No se necesita trasladarse al otro lado del mundo, cuando aquí tenemos tanto que hacer. Posiblemente basta con ser creativos y dedicarnos a simplemente dar.
Debo reconocer que toda esta experiencia me ha hecho reflexionar mucho y no me cabe la menor duda de que mis amigos extranjeros son bienvenidos en mi hogar, aunque dejen rondando en mi cabeza la idea de "¿que tengo que cambiar para ser feliz?".
A tí mi amigo Yannick, gracias por compartir conmigo tus experiencias y vivencias que han dejado una huella muy profunda en mi vida, y una vez más, welcome to Mexico!

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